martes, 14 de mayo de 2013
martes, 7 de mayo de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
"Juan de los muertos" de Alejandro Brugués. Martes 16 de abril a las 21 h. en los Multicines Benavente
martes, 9 de abril de 2013
Hoy martes 9 de abril: Un asunto real, de Nikolaj Arcel
Dinamarca
2012: Oscar: nominada a la mejor película de habla no inglesa
2012: Globos de Oro: nominada a mejor película de habla no inglesa
2012: Festival de Berlín: 2 Osos de Plata: Mejor actor (Mikkel Boe Følsgaard) y guión
2012: Premios César: Nominada a Mejor película extranjera
2012: Festival de Toronto: Nominada al Premio del Público (Mejor película)
2012: Festival de Sevilla: Sección oficial largometrajes a concurso
lunes, 11 de marzo de 2013
"Pina" de Wim Wenders, el martes 12 de marzo, a las 21 h. en los Multicines Benavente
Película: Pina. Dirección y guion: Wim Wenders. Países: Alemania, Francia y Reino Unido. Año: 2011. Duración: 103 min. Género: Musical. Intervenciones: Pina Bausch, Regina Advento, Malou Airaudo, Ruth Amarante, Rainer Behr, Andrey Berezin. Producción: Wolfgang Bergmann, Gabriele Heuser y Dieter Schneider. Música: Thom Hanreich. Fotografía: Helène Louvart y Jörg Widmer. Montaje: Toni Froschhammer. Diseño de producción: Péter Pabst. Vestuario: Rolf Börzik y Marion Cito. Distribuidora: Avalon. Estreno en Alemania: 24 Febrero 2011. Estreno en España: 30 Septiembre 2011. Apta para todos los públicos.
Por fin una película que explora realmente las posibilidades del 3D. “Pina” es un ensayo sobre el espacio y el volumen, en el que Wim Wenders, a través de la tecnología, consigue dar toda una nueva dimensión al arte de la danza.
En la breve historia del 3D digital, han sido más frecuentes los fiascos por la vía del filtro posterior para hinchar recaudaciones que los títulos que utilizaban la tecnología con conocimiento de causa o, simplemente, por alguna razón. Incluso en los mejores de los casos, aquellos que superaban la idea del lanzamiento de objetos fuera de la pantalla, las tres dimensiones tenían la función de enfatizar la perspectiva o la profundidad de campo, usos loables pero que, en cualquier caso, no permitían intuir prometedoras posibilidades de esa tridimensionalidad.
Con “Pina” (ver tráiler), Wim Wenders explora esas posibilidades no intuidas y lo hace a través de la exploración del espacio y el volumen. Por primera vez, el ballet no es un espectáculo que la cámara mira desde angulaciones concretas y posiciones más o menos estáticas, sino un arte en el que se adentra para estudiar su expresividad desde su centro mismo: las dinámicas interiores de una coreografía, los rostros de los bailarines en pleno ejercicio dramático, la multiplicidad de los puntos de interés que se desarrollan sobre las tablas —la extraordinaria danza en un escenario lleno de sillas— y la interacción de los intérpretes con elementos tales como la tierra o el agua. El 3D de Wenders ofrece, en fin, un inédito modelo de representación para la danza, arte a su vez redefinido lejos de los estrictos márgenes de los teatros. En lo que bien podría ser un ensayo sobre las dimensiones del arte, el director alemán trasciende toda consciencia de la disciplina —del cine, de la danza— y lleva a los bailarines de la Tazntheater Wuppertal a desarrollar sus coreografías en exteriores que van desde un entorno urbano al borde de un abismo montañoso, allí donde el espectador podrá mejor plantearse las líquidas fronteras entre arte, espectáculo y tecnología como mediadores de sus emociones.
Ensayo, por otra parte, místico y más cercano a la no ficción que al documental —lo que sea que quiere decir eso, el documental—, “Pina” se plantea como misterioso acercamiento a la figura de Pina Bausch a través de la voice over de unos discípulos que se mantienen inmutables frente a la cámara. No es tanta la intención de despejar la incógnita Bausch, sino más bien la de diluir el homenaje en los resbaladizos territorios de la leyenda. En este y en todo sentido, la obra de Wenders bien podría establecerse como la otra mitad de un díptico completado por “La danza” (Frederick Wiseman, 2009): el culto al mito y la exploración expresiva, como contraplano del estudio institucional, la rutina colectiva retratada por Wiseman.
domingo, 3 de marzo de 2013
sábado, 23 de febrero de 2013
"De óxido y hueso" de jacques Audiard, el martes 26 de febrero a las 21 h. en los Multicines Benavente
Ficha técnica
Director:
Productores:
Canal+, Why Not Productions, Radio Télévision Belge Francophone (RTBF),
Lumiere
Guionistas:
Thomas Bidegain, Jacques Audiard, Craig Davidson
Actores:
Género:
País:
Francia
Duración:
120 min.
Año:
2011
Titulo
Original:
De rouille et d'os
'De óxido y hueso': De piernas y
corazón
La
imprevisibilidad, entendida como la imposibilidad en la predicción respecto a
un nuevo proyecto artístico, como rasgo distintivo. Cualidad no definitoria
-mucho menos sine qua non- pero sí inherente en el currículum de muchos de los
grandes cineastas que han logrado alcanzar la inmortalidad a lo largo de los
más de cien años de este loco séptimo arte. La inquietud del mejor de los
aventureros, que nunca renuncia a explorar un nuevo territorio (es más, va a él
como atraído por una especie de irrefrenable instinto animal), manifiesta en
aquellos artistas cinematográficos que incluso después de haber encontrado el
éxito siguen a la caza de nuevos horizontes. A Jacques Audiard la comunidad
cinéfila le prestó por fin la atención -máxima- que se merecía con la presentación
de la obra maestra 'Un profeta' (cuyo único fallo fue coincidir en fechas con
aquel otro monstruo titulado 'La cinta blanca').
La pregunta, tras aquella avalancha carcelaria
de cine en estado puro, era evidente: Y ahora, ¿cuál es el siguiente paso?
Obviamente, mirando los casos previos, no había ni la menor pista para
dilucidar dudas. Mejor ni molestarse (y que sirva para futuras ocasiones),
porque en efecto, Jacques Audiard ha vuelto a la carga llevándonos a un
escenario que poco o nada tiene que ver con el de su último trabajo. Ya no
estamos en una prisión gobernada por despiadadas mafias y en la que un joven
recluso aprendía que uno de los pilares de la ley de la jungla / supervivencia
consistía en tener claro en todo momento a quién hay
que rendir cuentas. Cuando el director y
guionista había llevado a cabo una inmejorable aclimatación a un entorno tan
peligroso como jugoso, ni corto ni perezoso, decidió hacer, una vez más, las
maletas y probar suerte, sin olvidarse de su interminable búsqueda de aires
completamente nuevos.
Así empieza precisamente su última
película, la esperadísima 'De óxido y hueso', presentada en Cannes, donde
compitió, para no faltar a la más reciente tradición, directamente con Michael
Haneke (y donde, también por no desentonar, volvió a ser destronada por el
mismo rival). En un lugar de Francia, un hombre y su hijo se dirigen hacia el
sur; hacia una nueva vida, huyendo semi-clandestinamente de un pasado al que se
pretende enterrar y dar por muerto. No existe la más remota posibilidad de
echar raíces, puesto que cuando éstas hacen el menor amago de salir, hay que
volver a movilizarse. ¿La razón? La naturaleza de un protagonista que, por
mucho que Monsieur Audiard decida viajar constantemente, sí supone un punto de
apoyo lo suficientemente sólido como para poder considerarse como una constante
en el cine de este cineasta parisino.
Como ya mostró en la también magistral 'De
latir mi corazón se ha parado', Jacques Audiard se mueve como pez en el agua (o
para emplear la jerga al uso, ''como orca en la piscina'') en medio de mundos
de hombres, en los que las pulsaciones más bajas y primitivas zarandean sin
tregua a los personajes que habitan en ellos. La brutalidad, las ambiciones más
oscuras (y por ello las más condenables), así como las perversiones que harían
estremecerse hasta al más curtido, son como nubarrones que encapotan un cielo
en el que, no obstante, de vez en cuando, y siempre de forma contundente, se
filtran cegadores rayos de sol en los que se refleja lo sublime de la virtud.
Porque no hay gente mala ni buena, simplemente hay personas con días buenos y
con días malos (algunas con predominancia de unos u otros, cierto).
Desde que empezara en el mundo del
largometraje, a Audiard no ha habido manera de encontrarle un día en el que se
hubiera levantado con el pie izquierdo. 'De óxido y hueso' es precisamente la
última muestra de ello. Un trabajo quizás no tan memorable como aquellos en los
que ha salido a relucir todo su talento, pero sin duda impecable en su ejecución
y de una efectividad abrumadora a la hora de alcanzar sus objetivos. Los
contrastes repiten en el papel de catalizador de una historia que sobre el
papel nos remite a la tercera cinta del mismo autor, 'Lee mis labios', en la
que el amor surgía en las condiciones más adversas entre dos personajes
definidos al principio por sus handicaps tanto en el plano físico como en el
emocional. El personaje femenino ya no sufre sordera, sino una traumática
pérdida de las dos extremidades inferiores. El macho alfa de turno repite en la
incapacidad de establecer vínculos afectivos (tanto en relaciones como amorosas
como en familiares).
La bella y la bestia (encarnados
respectivamente por unos magníficos Marion Cotillard y Matthias Schoenaerts,
dejando claro que Audiard es también un grandísimo director de actores, tras
obrar sendos milagros con Mathieu Kassovitz, Emmanuelle Devos, Romain Duris,
Tahar Rahim...) se encuentran, se acercan e interactúan durante dos horas en un
sobre cómo complementarse (quedándonos con la punta del iceberg, y como si
habláramos del imperecedero cuento de Frank L. Baum, la carencia de piernas,
puede, y conste la inseguridad al respecto, encontrar su curación en la falta
de cerebro / corazón, y viceversa) en la fuerza salvadora de un amor que por su
parte no duda en mostrar sus paradojas. Porqué sí, a quien más daño se hace es
a quien más se quiere, y porque hay ciertas metas que no pueden alcanzarse sin
previos sacrificios. Y esto que la historia (a partir de varios relatos
escritos por Craig Davidson) parecía que vagaba sin rumbo ni intenciones
definidas.
martes, 19 de febrero de 2013
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